lunes, 14 de junio de 2010

Tema con variaciones

Si prestamos poca atención, nos damos cuenta de que la mayor parte de todo es lo mismo. Los días empiezan y acaban en penumbra, las olas se van pero vuelven, los niños saltan para caer. Siempre se retoma el punto de partida. El ingenuo éxtasis del viernes está condenado al hastío dominical. No hay escapatoria, sólo repetición. Qué cutre es todo… ¿No? No. Por suerte, en gloriosas ocasiones, ocurre el milagro: tema con variaciones.

"- Comment peut-on vouloir lire soixante-quatre fois un roman?

- Si vous étiez très amoureuse, voudriez-vous ne passer qu’une nuit avec l’objet de votre passion? Le même texte ou le même désir peuvent donner lieu à tant de variations. Ce serait dommage de se limiter à une seule, surtout si la soixante-quatrième est la meilleure."

Mercure, Amélie Nothomb





Variaciones Goldberg, J. S. Bach

martes, 8 de junio de 2010

Créeme, Crémer...



... el mundo está bien hecho.


[Bowling for Columbine, Michael Moore]

lunes, 31 de mayo de 2010

ERES...

Giró la cabeza y vio la jeringuilla. Metadona emocional a su alcance. Comprendió que quería ser feliz. Un chute.

Cuando logró entender lo que le había dejado escrito, cuando le dio sentido a esas 4 letras que tantas veces le repitió

[…]

jueves, 27 de mayo de 2010

Exámenes

Esa luz… brilla, sí, yo lo decidí. Y ahora quiero atraparla y no me deja, es muy rápida. La creo y así me lo agradece, bailando en su risa intermitente. Se burla, sí, lo noto. Me reprocha hojas que no miro. Me ataca. A su paso, seductora, deslumbra. Una caricia suya y estás en evidencia. No se le escapa nada. Sabe demasiado. Tengo que matarla. Lo siento, lámpara, pero te apago. Que contigo desaparecerán mis apuntes.




Lía

miércoles, 19 de mayo de 2010

216

[Espacios en blanco]. Abrazos. Alfaro. Amar. Aprender. Bancos. Café. Cervezas. Crecer. Despedidas. Distancia (finita). Escuchar. Estrellas. Fe. Fotos. Fuerza. Isla. Locura. Madres. Miradas. Musicalidad. Orgullo. Reencuentros. Semper Fidelis. Silencio. Sol. Sonrisas. Tú. Universidad. Voluntariado


¿216 caracteres son capaces de definir a una persona? No lo creo, pero al menos lo intenté. ¿Os atrevéis a definiros con 216 de vuestros pedazos?

domingo, 16 de mayo de 2010

Tengo una mandarina

Semanas y un currículum. Lo sentimos, pero no; y un segundo. Este bucle ya no me marea, acostumbrada a su razonable inercia. Hasta le divertía el malabarismo diario de su cartera. ¿Que me apetece ir al cine? Siempre había algún amigo con dvd’s… o una mula. Por qué meterse en un bar, el sol se disfruta más en un banco. ¿Aeróbic 30€? Correr por el Antiguo no tiene precio. Incluso se había vuelto previsora, comida en el bolso.

Pero llegó el momento y no pudo pagar el billete. Todo se derrumbó. Estaba en una isla, una cárcel, la peor de todas: su casa. En las ventanas, barrotes. En las puertas, peaje. En el sótano, fantasmas. Quiso tener cierto dominio sobre la situación, así que se encerró en su cuarto. Al ritmo de las horas se enfrentaban hambre y apatía. Ya no quedan suelas de zapatos. De repente, un brillo. En el perchero había madurado un fruto, que ahora rodaba a sus pies. Al menos tengo una mandarina, sonrió. Una brisa, la ventana abierta. Y con ella, el horizonte. Parpadeó ante la luz que desvelaba la realidad de su dormitorio: estoy rodeada de principio.
Entonces supo que lo poseía todo.


Lía


jueves, 13 de mayo de 2010

Ojos que no son de este mundo

Miradas. Difíciles de entender, pero a su vez... expresan tantas cosas...

Sucedió todo muy rápido. El paseo nocturno, un desconocido, una mirada (otra más, pensó), cerrar los ojos y sentir un golpe. La calma durante la tormenta.

Cuando su madre se derrumbó al oír que estaba ingresado no sabía que nunca podría oírle decir cuanto la quería y agradecía sus cuidados. Todo se acabó con la noticia última: Síndrome de cautiverio.

En ese momento lo miró con todo el amor que solo ella podía albergar a esa parte de su ser que se encontraba atada a la cama. Vio sus ojos, que ella siempre creyó que no eran de este mundo, y en ellos solo pudo ver reflejada su esperanza por volver a sentirse abrazada por su hijo.

Fue en ese momento fugaz, lo que dura una mirada (¿otra más?), cuando ella quiso creer. Una sonrisa.

Isma